agosto 6, 2021 0 comentarios

Nuevamente, aprendiendo a enseñar desde la Neurociencia aplicada a la formación permanente del docente universitario

El sistema educativo, enfrenta en este nuevo siglo, el desafío de desarrollar a plenitud el potencial de los seres humanos y la sociedad como un todo, y con el reto de ser incluyentes, como individuos globales que hoy día somos.
Ya que el conocimiento ahora no vive encerrado en una biblioteca fría, ni en el universo de un erudito. Es un hecho cierto que cada persona nace con unas posibilidades que se realizarán y otras no, en función de su desarrollo y su maduración neuronal, las cuales están estrechamente vinculadas a sus propias acciones y a su experiencia, así como empeño en su superación. De acuerdo con Bernal (2011) la herencia aporta un alto porcentaje del sistema cerebral, el resto es influencia del medio ambiente.

Ahora bien, todo el sistema cerebral, admite cierta variabilidad en función de las influencias del entorno. Cada persona tiene un cerebro único, el cual puede modificarse o mejorarse. La cultura potencia su naturaleza y su desarrollo; es decir la influencia cultural, representada por la educación, ya que puede hacer posible el desarrollo pleno del cerebro humano, de hecho, algunas experiencias dan cuenta que el ser humano usa mínimamente sus capacidades cerebrales.

En este contexto desde una aproximación a la Neurociencia y todo el conocimiento que proporciona acerca del
cerebro y los estudios sobre el desarrollo humano pueden ayudar a promover una gran transformación no sólo en la manera de ver la educación sino como llevarla en la práctica en pro del desarrollo integral del ser humano y sus inmensas capacidades.

De ahí que una adecuada formación de los procesos neurocientíficos aplicados en la docencia y su entorno constituye un factor clave para garantizar la calidad de los procesos académicos. Al respecto, Zabalza (2012) menciono que el panorama de la educación universitaria ganaría muchas miradas, si centran en el profesorado y su actuación docente, las nuevas formas de aprender y las nuevas formas de enseñar ya que en el proceso éste adquiere un papel relevante en la mejora de la calidad e innovación de la práctica educativa.

Las universidades están inmersas en profundos e imparables procesos de cambio, que le generan demandas de aprendizaje para toda la vida o formación constante al profesorado universitario. Como afirmo Tomás y Col (2011:7) hay que pensar la universidad que se requiere, lo que significa reconceptualizar la función docente, dejar el papel de reproductor de conocimiento e ir hacia un mediador de aprendizajes. Lo cual debe permitir la adquisición de conocimientos, pero especialmente saberlos buscar, procesar y aplicar.

Una función importante a considerar para el docente universitario es la investigación constante, donde entre los cambios que se van promoviendo
se encuentra la formación de equipos multidisciplinares, integrados a su vez, por miembros de diferentes disciplinas, universidades, sectores sociales y productivos, entre otros.

Sin embargo, el docente universitario trabaja en la institución formativa de
mayor nivel existente, en su inmensa mayoría, en muchos sistemas educativos globales, ingresan a ellos sin estar preparados para ejercer esa función. Aunque en muchos países ya se están haciendo esfuerzos notables en la aplicación de programas de docencia superior previo a su ingreso, en muchos casos en la actualidad se da un fenómeno donde muchos han ingresado en los cuerpos docentes, después de formarse profesionalmente en una disciplina, con un expediente más o menos brillante, lo que no garantiza ninguna competencia docente, menos aún neurocientífica. Y cuando insisto como escritor en incluir a la neurociencia, insisto en que se
debe conocer como aprende el cerebro humano y como funciona. Allí el punto. No pretendo que todos se formen como expertos en neurociencias.

En este mismo orden de ideas Hernández y Sancho (2013), consideraron que para ejercer la docencia no basta con saber la asignatura, esto puede ser suficiente desde un punto de vista administrativo, pero no desde un enfoque profesional. En esta línea, para Tedesco (2011), la docencia es una actividad que requiere mucha más preparación. Por lo tanto, el profesorado universitario, además de ser experto en su materia de estudio, también
precisa tener conocimientos y formación en aspectos clave para su labor docente, técnicas de investigación, etc. haber publicado artículos, dado algún tipo de seminario. Es decir, un poco de eso que llamamos
alguna experiencia.

El profesor, es quien profesa el conocimiento, es pieza clave para incorporar cambios, a nivel universitario y de seguro puede afectar o no a la sociedad en su conjunto. Es por ello, que en este
caso los aportes de la neurociencia en el ámbito educativo podrían ser muy determinantes; Es de allí donde se requiere conocimientos acerca de la relación cerebro-aprendizaje y cómo funciona el desarrollo humano.

Autor del libro

GERARDO ENRIQUE AGUILAR RIVERO

Nace en la ciudad de Caracas el 3 de octubre 1966, sus primeros años los vivió en San Agustín del Sur, Parroquia San Agustín, en Caracas-Venezuela.
Se recibe como abogado en la Universidad Santa María de Venezuela (2003) luego obtiene los siguientes títulos: Magister Scientiarum en Derecho Laboral 2006-2010 (UBA VZLA), Doctor en Ciencias de la Educación 2014-2016 (UBA VZLA), Especialista en Docencia Superior 2016-2018 (UC-PTY), Doctorante en Derecho Laboral 2018 (UP-PTY). Actualmente cursa un post doctorado en Educación bajo el acuerdo IESLA Brasil/ IUNIR/ Argentina
Cuenta con varios reconocimientos Académicos en la Región. Profesor en Derecho e investigador en Educación Superior y Procesos de formación en la Docencia superior. Hoy día radicado en la Republica de Panamá.

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